A modo de bienvenida


En los años 40-50, aquí, no abundaba el dinero para renovar el guardarropa ni las prendas interiores del cajón. Por eso los "tomates", los agujeros en los calcetines. La escasez obligaba a reciclarlos mientras la madre consiguiera zurcirlos con el huevo de madera dentro.

Ahora, es el efecto invernadero el que nos empuja a tener los pies frescos, por eso mantengo el título y la imagen

Deseo que lo que escribo os guste.

lunes, 22 de mayo de 2017

¿Pero… donde vivo?



Quizá recordareis que hace unos meses escribía yo sobre la incomunicación que sufren los supercomunicados. Digo sufrir porque no tengo vocablo que defina porqué estar todo el santo día con un pegote en la oreja.

Y hoy, menos. En menos de una hora, en dos escenarios distintos he podido escuchar a gritos a dos personas de esas que cito en el párrafo previo.

La primera, diserta, a grito limpio, en plena plaza pública - no es un mitin, no - sobre un tema “capital”. En sus propias palabras: “Porque el liberalismo está muerto, sí, pero muerto e incinerado” y la conversación seguía entre las sonrisas de los abuelos sentados en el banco vecino. 

Algunas personas en su deambular vespertino, tomaban un receso, caminando al ralentí, para poder disfrutar de la “amena” conversación.

La segunda, es… fascinante. ¿Cómo podemos estar privados de incordiar a los compañeros de viaje en autobús de línea mientras hacemos una retransmisión en directo del transcurso del viaje? Pues eso es lo que pude deleitarme durante un buen rato: “Pues ahora pasamos por…, sí, sí,… llegamos al peaje de…Ha hecho  fresco, pero después ha calentado Lorenzo y ahora parece que se ha levantado viento, sí, sí,… Ah! mira, ahí es donde estuvimos  comiendo el cordero con los primos de Mataró el año pasado,sí, sí,…” 

Y así, 40 minutos dando la tabarra al ciudadano que vuelve a casa tras su jornada laboral. Buena forma de ir apagando el día. 

Si os preguntabais de qué coño hablan los que se acoplan la cajita a la oreja, ahí tenéis dos interesantes ejemplos que evidencian que no usar el móvil puede ser la causa de alguna temible patología. 

¿No será que las ondas que llevan la voz de un móvil a otro producen adicción? Tranquilos, que alguien será postulado como candidato al IGNOBEL después de proclamar una sandez similar en algún foro académico.

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