A modo de bienvenida


En los años 40-50, aquí, no abundaba el dinero para renovar el guardarropa ni las prendas interiores del cajón. Por eso los "tomates", los agujeros en los calcetines. La escasez obligaba a reciclarlos mientras la madre consiguiera zurcirlos con el huevo de madera dentro.

Ahora, es el efecto invernadero el que nos empuja a tener los pies frescos, por eso mantengo el título y la imagen

Deseo que lo que escribo os guste.

martes, 19 de diciembre de 2017

Llegando fechas entrañables ...

para todos, deseo a mis lectores unas felices y armónicas fiestas en compañía de familia y amigos y, especialmente, un año 2018 en que se cumplan todos vuestros deseos.

Un visitante esfumado


Hace largo tiempo que anocheció. Es tarde y debo retirarme - mañana es día laborable -, tras la cena con mis visitantes gringos en un restaurante muy conocido aquí. No conocían las peculiaridades de la cocina local y la sobremesa ha supuesto un gran cambio de impresiones y opiniones. Agradecidos ellos, se van mañana.

Vengo caminando a solas por la acera izquierda de una de las calles más antiguas de la ciudad. Una calle, cuyo cemento y asfaltado, seguro, esconden piedras, huesos, armas, semillas, útiles y demás parafernalia, restos de un tiempo en que se escribía poco. Y por pocos.

Al pasar junto a la valla del foro, veo un hombre que parece despistado, descolocado, mirando hacia arriba, a ambos lados de la calzada, al suelo,… Lo pisotea, se agacha, toca, inclina la cabeza y husmea,... Viste extraño, algo así como una túnica corta y, en los pies, unas sandalias.

Reduzco el paso y, al llegar junto a él, le miro, curioso por la vestimenta que luce y soy capaz de ver.

Me ve y da un respingo, un pequeño gemido, se levanta y permanece parado, erguido, quieto, desde que me ha visto. Se estremece al paso de algún vehículo.

Parece que el corte de pelo se lo hayan hecho con hacha. El afeitado no lo conoce muy bien, quizá por rasurarse con la misma herramienta. Tiene aspecto repugnante, además de asustadizo y apático,…

- Ave, dominus -  dice en voz baja -, quaeso, domine,... salva me, domine,... y me mira detenidamente con ojos inquisitivos.

Pienso, pero... ¡si es latín!. Y le digo:

- No le entiendo, señor, mi latín de colegio está olvidado, pero lo intento: Nescio translitterandi lingua tuam, quodest latine. 

- Operam ad gratus, me contesta, y no entiendo su significado, lo que le indico por señas.

Mientras, pienso que tiene un aire de labrador, ¿qué hace aquí este rústico hablando latín?

- Ubi sum ego? ¿Hodie, quod dies est

Parece que en el bachillerato aproveché algo del latín del hermano Benedicto y eso lo he entendido.

- In Tarr... Tarraco. Nos decem maius duo mille decem et septem cum imperatore augusto
cesar. Le contesto.
  
Y, al ver que puede entenderme, me suelta una parrafada insondable. Eso me alegra, pero
el esfuerzo es harto penoso.

Por un rato, permanecemos frente a frente. Lleva las manos libres lo que me hace ver que no es esclavo y que es ajeno como una posible amenaza. Puede la curiosidad sobre la duda y el silencio no es ominoso.

- Quam enim abesse? Ubi enim veniunt?, pregunto, para mantener el vínculo abierto.

- Aperiens ianuam huc faber. Picenum ego natus sum, Italico non Romanus, legio
famulatus  sustentans sine pugna. Lucius Licinius iubente adsum cum septingenti
triginta ab urbe conditam. Duobus annis.

¿Quién le entiende esa parrafada? A ver: Puerta del armario. Nacido en Piceno. Itálico no romano. Tropa de apoyo desarmada. Lucio Licinio es su jefe. Lleva dos años aquí y es el año 730 desde que Roma fue construida. Y no sabe dónde se encuentra, bueno, no se lo he preguntado.

- Scis civitas haec ? Qui praeesset exercitui ? 

- Peractisque Tarraconem concessit, in Hispania Citerior. Sit hic apud Imperatoris Augusti
imperium, nisi Ulterior Hispania habet, et dividitur in Betica et Lusitania.

¿Y ahora, quién interpretará eso? Pensaba yo, inerme. Entendí que sabía que estaba aquí, pero al hablar de Augusto me da la impresión de que la azotea se le ha ensuciado y no sabe cuándo es. Pero da fechas. Diría yo que su seso tiene el tiempo cambiado.

NOTA: Intenté seguir con el diálogo, como buenamente pude, y trascribirlo ahora, me resulta igual de trabajoso, por lo que, pido excusas, y ceso en el escrito bilingüe para pasar a relatarlo en un único idioma.

De sus comentarios, allí, parados en la acera, resumo lo que pude entender, lo cual tiene su mérito, espero.

Ha venido por causa de que en 727 a.u.c., se ha iniciado la guerra de Roma contra cántabros y astures. Después, en 724 a.u.c., Augusto ya vino a dirigir personalmente algunas operaciones militares de Carisio contra los astures y de Antistio contra los cántabros. 

En el tiempo que estuvo aquí, han hecho construir un altar en su honor y el intercambio comercial ha florecido, permitiendo asentarse a innumerables pobladores de los núcleos  de alrededor de la ciudad.  

(a.u.c.: significa Ab Urbe Condita, desde la construcción de Roma, referencia de las fechas en Roma.)

Ahora, Augusto se ha retirado por enfermedad y, en las guerras cántabras, las  operaciones son comandadas por  Cayo Furnio, Carisio y Agripa, principalmente, hasta el  sometimiento total de los cántabros.

Tras este diálogo, decido estimularle en el sentido de invitarle a gozar de mi hospitalidad, a pesar de ser tarde. Tengo cena para él, bebida para los dos, cama libre… y algo de ropa para cubrirle y encubrirle. De calzado, poco hay, si se queda deberé buscar o comprar lo que le venga. Otra cosa será el asunto de las relaciones y la barrera del idioma. Hablaremos, me dije.

Han pasado unas horas. Hemos descansado y dormido, yo en mi cama, él en la de invitados.  Cenó con apetito, pan, queso y fruta. No sabe lo que es un plátano. Bebió vino. Lo disfrutó. Y sin aguar, como es nuestra costumbre, contra  el uso en su tiempo, cuando el vino se tomaba en jarra cogida de las cántaras venidas de los lagares y bodegas, pero tan alto de grado que había que aguarlo para suavizarlo.

Al amanecer, he despertado por el sonido del timbre. Me he arreglado y, antes de desayunar, he llamado a mi jefe para disculpar mi ausencia. No le he dado explicación. Ya le contaré.

Se ha despertado al oír mis voces y me ha visto hablando por el móvil. Ha puesto cara de asombro al oír la voz que salía del aparato. Pero no ha dicho nada. Al cortar, he intentado explicarle lo que es, pero es imposible que lo haya entendido, me han faltado palabras.

He sabido preguntarle su nombre. Se llama Balbilo. Procede de familia de campesinos arrendatarios de tierra de cultivo con frutales y legumbres. Ha sido reclutado sin voluntad de guerrear y le han asignado al tren de apoyo de la Legión VI, en el acopio de víveres y, como ayudante, en la preparación del yantar de la soldadesca.

Mientras desayunamos, los cereales le vuelven loco, me asaeta a preguntas sobre cómo se obtienen, lo que ignoro. Le ha encantado el sabor que el café da a la leche. La misma cuestión, “cómo se obtiene”, al decirle que de un grano, que “dónde se cultiva la planta”. Y así un buen rato.  

Al terminar le he llevado a la terraza, le ha maravillado el vidrio de la puerta, le llevaba delante de mí y casi lo atraviesa. Al abrir yo la puerta, le he cedido el paso y, al salir, casi se cae mareado y eso que sólo es un tercero, de nueve y ático, pero no se lo he dicho para que no padezca más.

Al ver que yo me acerco a la baranda y no me caigo, se ha acercado al borde. Lo de asomar le ha debido parecer un riesgo innecesario. Me ha dicho que, en Roma, algunas ínsulas llegan a tener cuatro pisos.

Al entrar, se ha sentado en el sofá, pensativo, y me ha dicho que vivir aquí debe ser muy duro. 

Le he contestado que puede ser que así se lo parezca a él. Sí, le resulta todo nuevo. Debe ser receptivo a mis parcas explicaciones. 

Le he afeitado con jabón y cuchilla - no ha rechistado -, y peinado, él se ha lavado las manos y la cara con un jabón “que huele bien”. La ducha, falta le hace, y el corte de pelo, para más tarde.

Pregunta por la letrina. Le explico cómo es ahora el proceso. Le digo que se limpie y que lave las manos otra vez. Esto le ha dejado con la boca abierta, pero no ha dicho nada.

En el ínterin, he aprovechado para tomar unas notas de lo que viene ocurriendo.

Cumplidas las actividades higiénicas, le he facilitado vestido, vamos, un pantalón corto mío y una camiseta - bien perfumada -, a lo que he añadido unas chanclas, lo que reproduce un poco la ropa que llevaba y nos hemos ido a la calle.

Todavía no ha preguntado el cuándo es hoy. Quizá esté asentándose en este tiempo, que no es el suyo.

Caminando… llegamos a la Plaça del Pallol, como yo quería hacer, provocar algo que le permita expresarse. Ver los paños de la muralla le ha asombrado y entrados en el recinto, la maqueta de Tarraco le ha dejado tieso. No entendía el cambio de tamaño de la ciudad que le acoge. ¿Por qué? ¿Quién vive ahí?

Ha conocido algunos parajes, entre ellos dónde se sitúa el campamento fortificado de la Legio VI, que está en una de las lomas que rodean la ciudad. En la zona edificada, dentro de la muralla, localiza un barrio de tabernas y de putas – dice que llevan algunas en la caravana -, el mercado,… pero no entiende para qué puede servir sino residen duendes enanos en su interior. 

Ha pasado un rato fijándose en todo, al menos, en los templos, las termas, la basílica,…

Le he descrito dónde nos situaríamos en esa maqueta, dónde está el lugar que pisamos, y a dónde iremos, al templo de Júpiter, al Circo, después al Foro, el Teatro,… todo eso no le hace recordar, no eran lugares que frecuentara. Y allá vamos.

La Plaça de la Font, en su tiempo alojaba el Circo, y de ahí a la cabecera. No entiende nada, pero ve los dibujos que explican al visitante cómo era esa zona y empieza a situarse. Por lo menos, es receptivo. 

Y subimos a ver el gran templo, ahora la Catedral, donde le explico que las piedras son los cimientos del templo actual. Queda pensativo, creo que rumiando sobre quienes o qué fue capaz de derrumbar el templo que conoció, un gran edificio, pero no pregunta. No entramos al interior, creo que no aportaría nada a su aforo mental.

Y bajamos hacia el Foro. Aquí, no entiende que debamos pagar y se para nada más entrar. 

Comenta:

- Aquí estaba yo. Venía del puerto, no había pescado para comprar y he cogido una buena 
cantidad de vasijas de garum para acompañar la pitanza que cocinaremos... alguien cocinará, yo no estaré con ellos.

- Esto estuvo en ruina, completamente demolido durante las diversas invasiones que ha sufrido la ciudad. Vosotros, romanos, fuisteis los primeros.

No me contesta y va caminando, abstraído, por el deambulatorio interior, pasa por unas escaleras y… desaparece. Se ha fundido en aire. No ha dejado restos. Falta le hacía, pero se ha ido sin ducharse.

Nadie me mira, nadie nos mira. He pisado sobre sus huellas, pero no me he ido con él, sigo en este ahora. Si lo que le ha tragado es una “puerta del tiempo”, mejor diré que era, pues ya está cerrada.

Debo llamar al ministerio correspondiente, pero… ¿ qué les digo ? Al menos, para que hagan quemar las chanclas y la ropa. Esos plásticos y tejidos están fuera de su momento.

Ya le echo de menos. A veces, uno se da cuenta de que lo que hace daño es el vacío, el hueco de las conversaciones nunca habladas.

Me voy a la tarea. No le contaré la historieta al jefe, sólo he sufrido un malestar momentáneo.

martes, 12 de diciembre de 2017

De la política...

no comento nada. No os extrañéis.

No pienso contribuir a que las estupideces tengan un monumento.

Se acaba el año...

... y, dado que, dentro de unos días me resultará difícil utilizar este teclado, aprovecho para felicitaros con anticipación y, expresando mis mejores deseos para 2018, os hago un regalo. 

En la entrada anterior podeis escuchar una maravilla. Es Glenn Gould al piano, acompañado por la Sinfónica de Toronto, que interpreta el Concierto nº5 para piano y orquesta de Beethoven.

Recomiendo efusivamente la audición del 2º movimiento, en 19:20, absolutamente magistral.

Glenn Gould, ya fallecido, poseía una memoria musical portentosa - leía una partitura y ¡ya se la sabía! -, era capaz de una concentración inmensa y disponía de un oído completo.

Durante la interpretación entraba en arrobo, se movía y tarareaba, incluso se quitaba los zapatos. Nadie le reprochó nunca esas actitudes, no eran extravagancias, sino su apoyo para que las interpretaciones resultaran diferentes: en general, más suaves y lentas, y no seguía las indicaciones de los compositores.
 
Era un ser especial, un hombre de aspecto desgarbado, que usaba una silla propia vieja, paticorta y sin cojín, que le ponía en una posición en la que casi rozaba las teclas con la nariz al doblarse sobre el teclado durante los conciertos.(Vedlo) 

Tocó en público por última vez en Los Ángeles y, siendo una auténtica figura internacional, anunció que se retiraba de los escenarios. Adujo que sentía hastío por la interpretación en directo y que serviría mejor a la música en un estudio de grabación más que en la sala de conciertos.

Pensaba además que la música se preservaba mejor en la intimidad.

J. S. Bach fue su gran especialidad constituyéndose sus grabaciones verdaderos puntos de referencia. Las grabaciones en vivo que efectuó de los Conciertos para piano y orquesta de Johann Sebastian Bach constituyen verdaderas joyas interpretativas. Su versión de las Variaciones Goldberg, de Bach, es una pieza mítica.

Además de las grabaciones de piano en estudio, y en formatos modernos, se dedicó también a la escritura y a la radio, que le apasionaba. 

Murió tras sufrir un infarto cerebral.

Beethoven Emperor Concerto Nº5 E flat Glenn Gould TSO Karel Ancerl 1970