En muy diversas ocasiones, he afirmado que los componentes de nuestra clase política no tienen un curriculum que los avale para esa actividad.
He dicho que, si se revisan los títulos y masters que dicen acreditar, títulos de los que nunca, nunca, hemos podido ver qué institución los avala y quienes los califican, nos daremos con una piedra en los dientes por lo burros que somos.
He afirmado que su trayectoria personal y profesional conocida, no proporciona soporte a su intención de representar y defender los intereses de la ciudadanía.
He sabido que alumnos universitarios han obtenido copia de los exámenes entregada por los profesores, siempre en función de sus comunes opciones políticas.
Sin llegar a las estructuras tipo empresa que algunas universidades ofrecen para conseguir títulos universitarios - ejemplo, la que aparece estos días en la radio y la tele -, hay otras en las que los acuerdos universidad-empresa permiten la entrega de diplomas a los no titulados.
La empresa desea hacer ofrecer ese acervo como prueba de la profesionalidad que ofrecen a sus clientes. No se requiere presencia académica y la única base que permite la convalidación total del temario, es la experiencia laboral ó el amiguismo de las donaciones.
A éstas alturas del calendario, ya podemos, cualquiera de nosotros, obtener un diploma de lo que deseemos mediante diversas vías utilizando los contactos que ofrece internet. Y sabemos cómo : sólo hay que realizar el pago por adelantado y unos clics al ratón.
En esas condiciones, si un presidente de gobierno actuara como empresario y revisara qué personal tiene para la gestión de sus poderes, se vería en la necesidad de realizar un despido masivo, tanto en los puestos electos como en los de libre designación, tipo director general, secretario, subsecretario, jefe de servicio,...
¿ Y convocaría oposiciones para dotar las vacantes ?
A modo de bienvenida
En los años 40-50, aquí, no abundaba el dinero para renovar el guardarropa ni las prendas interiores del cajón. Por eso los "tomates", los agujeros en los calcetines. La escasez obligaba a reciclarlos mientras la madre consiguiera zurcirlos con el huevo de madera dentro.
Ahora, es el efecto invernadero el que nos empuja a tener los pies frescos, por eso mantengo el título y la imagen
Deseo que lo que escribo os guste.
viernes, 13 de abril de 2018
jueves, 8 de marzo de 2018
Los rusos
No, no os asustéis, no hablaré de Stalin, ni de ....................
Hablaré de los clásicos de la música rusa. De los, casi siempre, olvidados.
Bien, hoy he pasado cuatro horas escuchando a Borodin, Glazunov, Glinka, Mussorgsky, Prokofiev, Rachmaninoff, Ippolitov, Tchaikovsky, Jachaturian, Prokófiev, Lyapunov, Rajmáninov, Scriabin, Shostakóvich,...
Maravillosos. He oído, rebuscando en You Tube, unas músicas que no había sentido hasta ahora.
Os invito a hacerlo. Y a disfrutarlo.
Hablaré de los clásicos de la música rusa. De los, casi siempre, olvidados.
Bien, hoy he pasado cuatro horas escuchando a Borodin, Glazunov, Glinka, Mussorgsky, Prokofiev, Rachmaninoff, Ippolitov, Tchaikovsky, Jachaturian, Prokófiev, Lyapunov, Rajmáninov, Scriabin, Shostakóvich,...
Maravillosos. He oído, rebuscando en You Tube, unas músicas que no había sentido hasta ahora.
Os invito a hacerlo. Y a disfrutarlo.
martes, 19 de diciembre de 2017
Llegando fechas entrañables ...
para todos, deseo a mis lectores unas felices y armónicas fiestas en compañía de familia y amigos y, especialmente, un año 2018 en que se cumplan todos vuestros deseos.
Un visitante esfumado
Hace largo tiempo que anocheció. Es tarde y debo
retirarme - mañana es día laborable -, tras la cena con mis visitantes gringos
en un restaurante muy conocido aquí. No conocían las peculiaridades de la
cocina local y la sobremesa ha supuesto un gran cambio de impresiones y
opiniones. Agradecidos ellos, se van mañana.
Vengo caminando a solas por la acera izquierda
de una de las calles más antiguas de la ciudad. Una calle, cuyo cemento y
asfaltado, seguro, esconden piedras, huesos, armas, semillas, útiles y demás
parafernalia, restos de un tiempo en que se escribía poco. Y por pocos.
Al pasar junto a la valla del foro, veo un
hombre que parece despistado, descolocado, mirando hacia arriba, a ambos lados
de la calzada, al suelo,… Lo pisotea, se agacha, toca, inclina la cabeza y
husmea,... Viste extraño, algo así como una túnica corta y, en los pies, unas
sandalias.
Reduzco el paso y, al llegar junto a él, le
miro, curioso por la vestimenta que luce y soy capaz de ver.
Me ve y da un respingo, un pequeño gemido,
se levanta y permanece parado, erguido, quieto, desde que me ha visto. Se
estremece al paso de algún vehículo.
Parece que el corte de pelo se lo hayan hecho
con hacha. El afeitado no lo conoce muy bien, quizá por rasurarse con la misma
herramienta. Tiene aspecto repugnante, además de asustadizo y apático,…
- Ave, dominus - dice en voz baja
-, quaeso, domine,... salva me, domine,... y me mira detenidamente con
ojos inquisitivos.
Pienso, pero... ¡si es latín!. Y le digo:
- No le entiendo, señor, mi latín de colegio
está olvidado, pero lo intento: Nescio translitterandi lingua tuam, quodest latine.
- Operam ad gratus, me
contesta, y no entiendo su significado, lo que le indico por señas.
Mientras, pienso que tiene un aire de labrador, ¿qué
hace aquí este rústico hablando latín?
- Ubi sum ego? ¿Hodie, quod
dies est
Parece que en el bachillerato aproveché algo del latín
del hermano Benedicto y eso lo he entendido.
- In Tarr... Tarraco. Nos decem maius duo mille
decem et septem cum imperatore augusto
cesar. Le contesto.
Y, al ver que puede entenderme, me suelta
una parrafada insondable. Eso me alegra, pero
el esfuerzo es
harto penoso.
Por un rato, permanecemos frente a frente. Lleva las
manos libres lo que me hace ver que no es esclavo y que es ajeno como una
posible amenaza. Puede la curiosidad sobre la duda y el silencio no es ominoso.
- Quam enim abesse? Ubi enim
veniunt?, pregunto, para mantener el vínculo
abierto.
- Aperiens ianuam
huc faber. Picenum ego natus sum, Italico non Romanus, legio
famulatus sustentans sine pugna. Lucius Licinius iubente adsum cum septingenti
triginta ab urbe conditam. Duobus annis.
¿Quién le entiende esa parrafada? A
ver: Puerta del armario. Nacido en Piceno. Itálico no romano. Tropa de apoyo
desarmada. Lucio Licinio es su jefe. Lleva dos años aquí y es el año 730 desde
que Roma fue construida. Y no sabe dónde se encuentra, bueno, no se lo he
preguntado.
- Scis civitas haec ? Qui praeesset exercitui ?
- Peractisque
Tarraconem concessit, in Hispania Citerior. Sit hic apud Imperatoris Augusti
imperium, nisi Ulterior Hispania habet, et dividitur in Betica et
Lusitania.
¿Y ahora, quién interpretará eso? Pensaba yo, inerme.
Entendí que sabía que estaba aquí, pero al hablar de Augusto me da la impresión
de que la azotea se le ha ensuciado y no sabe cuándo es. Pero da fechas. Diría
yo que su seso tiene el tiempo cambiado.
NOTA: Intenté seguir con el diálogo, como buenamente pude, y
trascribirlo ahora, me resulta igual de trabajoso, por lo que, pido excusas, y
ceso en el escrito bilingüe para pasar a relatarlo en un único idioma.
De sus comentarios, allí, parados en la acera, resumo
lo que pude entender, lo cual tiene su mérito, espero.
Ha venido por causa de que en 727 a.u.c., se ha
iniciado la guerra de Roma contra cántabros y astures. Después, en 724 a.u.c., Augusto ya vino a dirigir personalmente algunas operaciones
militares de Carisio contra los astures y de Antistio contra los cántabros.
En el tiempo que estuvo aquí, han hecho construir un altar en su honor y el intercambio comercial ha florecido, permitiendo asentarse a innumerables pobladores de los núcleos de alrededor de la ciudad.
(a.u.c.: significa Ab Urbe Condita, desde la construcción de Roma,
referencia de las fechas en Roma.)
Ahora, Augusto se ha retirado por enfermedad y, en las guerras
cántabras, las operaciones
son
comandadas por Cayo Furnio, Carisio y Agripa, principalmente, hasta el sometimiento
total de los
cántabros.
Tras este diálogo, decido estimularle en el sentido de
invitarle a gozar de mi hospitalidad, a pesar de ser tarde. Tengo cena para él,
bebida para los dos, cama libre… y algo de ropa para cubrirle y encubrirle. De
calzado, poco hay, si se queda deberé buscar o comprar lo que le venga. Otra
cosa será el asunto de las relaciones y la barrera del idioma. Hablaremos, me
dije.
Han pasado unas horas. Hemos descansado y dormido, yo
en mi cama, él en la de invitados. Cenó con apetito, pan, queso y fruta.
No sabe lo que es un plátano. Bebió vino. Lo disfrutó. Y sin aguar, como es
nuestra costumbre, contra el uso en su tiempo, cuando el vino se tomaba
en jarra cogida de las cántaras venidas de los lagares y bodegas, pero tan alto
de grado que había que aguarlo para suavizarlo.
Al amanecer, he despertado por el sonido del timbre.
Me he arreglado y, antes de desayunar, he llamado a mi jefe para disculpar mi
ausencia. No le he dado explicación. Ya le contaré.
Se ha despertado al oír mis voces y me ha visto
hablando por el móvil. Ha puesto cara de asombro al oír la voz que salía del
aparato. Pero no ha dicho nada. Al cortar, he intentado explicarle lo que es,
pero es imposible que lo haya entendido, me han faltado palabras.
He sabido preguntarle su nombre. Se llama Balbilo.
Procede de familia de campesinos arrendatarios de tierra de cultivo con
frutales y legumbres. Ha sido reclutado sin voluntad de guerrear y le han
asignado al tren de apoyo de la Legión VI, en el acopio de víveres y, como
ayudante, en la preparación del yantar de la soldadesca.
Mientras desayunamos, los cereales le vuelven loco, me
asaeta a preguntas sobre cómo se obtienen, lo que ignoro. Le ha encantado el
sabor que el café da a la leche. La misma cuestión, “cómo se obtiene”, al
decirle que de un grano, que “dónde se cultiva la planta”. Y así un buen rato.
Al terminar le he llevado a la terraza, le ha
maravillado el vidrio de la puerta, le llevaba delante de mí y casi lo
atraviesa. Al abrir yo la puerta, le he cedido el paso y, al salir, casi se cae
mareado y eso que sólo es un tercero, de nueve y ático, pero no se lo he dicho
para que no padezca más.
Al ver que yo me acerco a la baranda y no me caigo, se
ha acercado al borde. Lo de asomar le ha debido parecer un riesgo innecesario.
Me ha dicho que, en Roma, algunas ínsulas llegan a tener cuatro pisos.
Al entrar, se ha sentado en el sofá, pensativo, y me
ha dicho que vivir aquí debe ser muy duro.
Le he contestado que puede ser que
así se lo parezca a él. Sí, le resulta todo nuevo. Debe ser receptivo a mis
parcas explicaciones.
Le he afeitado con jabón y cuchilla - no ha rechistado
-, y peinado, él se ha lavado las manos y la cara con un jabón “que huele
bien”. La ducha, falta le hace, y el corte de pelo, para más tarde.
Pregunta por la letrina. Le explico cómo es ahora el
proceso. Le digo que se limpie y que lave las manos otra vez. Esto le ha dejado
con la boca abierta, pero no ha dicho nada.
En el ínterin, he aprovechado para tomar unas notas
de lo que viene ocurriendo.
Cumplidas las actividades higiénicas, le he facilitado
vestido, vamos, un pantalón corto mío y una camiseta - bien perfumada -, a lo
que he añadido unas chanclas, lo que reproduce un poco la ropa que llevaba y
nos hemos ido a la calle.
Todavía no ha preguntado el cuándo es hoy. Quizá esté
asentándose en este tiempo, que no es el suyo.
Caminando… llegamos a la Plaça del Pallol, como yo
quería hacer, provocar algo que le permita expresarse. Ver los paños de la
muralla le ha asombrado y entrados en el recinto, la maqueta de Tarraco le ha
dejado tieso. No entendía el cambio de tamaño de la ciudad que le acoge. ¿Por
qué? ¿Quién vive ahí?
Ha conocido algunos parajes, entre ellos dónde se
sitúa el campamento fortificado de la Legio VI, que está en una de las lomas que
rodean la ciudad. En la zona edificada, dentro de la muralla, localiza un
barrio de tabernas y de putas – dice que llevan algunas en la caravana -, el
mercado,… pero no entiende para qué puede servir sino residen duendes enanos en
su interior.
Ha pasado un rato fijándose en todo, al menos, en los
templos, las termas, la basílica,…
Le he descrito dónde nos situaríamos en esa maqueta,
dónde está el lugar que pisamos, y a dónde iremos, al templo de Júpiter, al
Circo, después al Foro, el Teatro,… todo eso no le hace recordar, no eran
lugares que frecuentara. Y allá vamos.
La Plaça de la Font, en su tiempo alojaba el Circo, y
de ahí a la cabecera. No entiende nada, pero ve los dibujos que explican al
visitante cómo era esa zona y empieza a situarse. Por lo menos, es
receptivo.
Y subimos a ver el gran templo, ahora la Catedral,
donde le explico que las piedras son los cimientos del templo actual. Queda
pensativo, creo que rumiando sobre quienes o qué fue capaz de derrumbar el
templo que conoció, un gran edificio, pero no pregunta. No entramos al
interior, creo que no aportaría nada a su aforo mental.
Y bajamos hacia el Foro. Aquí, no entiende que debamos
pagar y se para nada más entrar.
Comenta:
- Aquí
estaba yo. Venía del puerto, no había pescado para comprar y he cogido una buena
cantidad de
vasijas de garum para acompañar la pitanza que cocinaremos... alguien cocinará, yo no estaré
con ellos.
- Esto
estuvo en ruina, completamente demolido durante las diversas invasiones que ha sufrido la ciudad.
Vosotros, romanos, fuisteis los primeros.
No me contesta y va caminando, abstraído, por el
deambulatorio interior, pasa por unas escaleras y… desaparece. Se ha fundido en
aire. No ha dejado restos. Falta le hacía, pero se ha ido sin ducharse.
Nadie me mira, nadie nos mira. He pisado sobre sus
huellas, pero no me he ido con él, sigo en este ahora. Si lo que le ha tragado
es una “puerta del tiempo”, mejor diré que era, pues ya está cerrada.
Debo llamar al ministerio correspondiente, pero… ¿ qué
les digo ? Al menos, para que hagan quemar las chanclas y la ropa. Esos
plásticos y tejidos están fuera de su momento.
Ya le echo de menos. A veces, uno se da cuenta de que
lo que hace daño es el vacío, el hueco de las conversaciones nunca
habladas.
Me voy a la tarea. No le contaré la historieta al
jefe, sólo he sufrido un malestar momentáneo.
martes, 12 de diciembre de 2017
De la política...
no comento nada. No os extrañéis.
No pienso contribuir a que las estupideces tengan un monumento.
No pienso contribuir a que las estupideces tengan un monumento.
Se acaba el año...
... y, dado que, dentro de unos días me resultará difícil utilizar este teclado, aprovecho para felicitaros con anticipación y, expresando mis mejores deseos para 2018, os hago un regalo.
Glenn Gould, ya fallecido, poseía una memoria musical portentosa - leía una partitura y ¡ya se la sabía! -, era capaz de una concentración inmensa y disponía de un oído completo.
J. S. Bach fue su gran especialidad constituyéndose sus grabaciones verdaderos puntos de referencia. Las grabaciones en vivo que efectuó de los Conciertos para piano y orquesta de Johann Sebastian Bach constituyen verdaderas joyas interpretativas. Su versión de las Variaciones Goldberg, de Bach, es una pieza mítica.
Además de las grabaciones de piano en estudio, y en formatos modernos, se dedicó también a la escritura y a la radio, que le apasionaba.
En la entrada anterior podeis escuchar una maravilla. Es Glenn Gould al piano, acompañado por la Sinfónica de Toronto, que interpreta el Concierto nº5 para piano y orquesta de Beethoven.
Recomiendo efusivamente la audición del 2º movimiento, en 19:20, absolutamente magistral.
Glenn Gould, ya fallecido, poseía una memoria musical portentosa - leía una partitura y ¡ya se la sabía! -, era capaz de una concentración inmensa y disponía de un oído completo.
Durante la interpretación entraba en arrobo, se movía y tarareaba, incluso se quitaba los zapatos. Nadie le reprochó
nunca esas actitudes, no eran extravagancias,
sino su apoyo para que las interpretaciones resultaran diferentes: en general,
más suaves y lentas, y no seguía las
indicaciones de los compositores.
Era un ser especial, un hombre de aspecto desgarbado, que usaba una silla propia vieja, paticorta y sin cojín, que le ponía en una posición en la que casi rozaba las teclas con la nariz al doblarse sobre el teclado durante los conciertos.(Vedlo)
Tocó en público por última vez en Los Ángeles y, siendo una auténtica figura internacional, anunció que se retiraba de los escenarios. Adujo que sentía hastío por la interpretación en directo y que serviría mejor a la música en un estudio de grabación más que en la sala de conciertos.
Pensaba además que la música se preservaba mejor en la intimidad.
Era un ser especial, un hombre de aspecto desgarbado, que usaba una silla propia vieja, paticorta y sin cojín, que le ponía en una posición en la que casi rozaba las teclas con la nariz al doblarse sobre el teclado durante los conciertos.(Vedlo)
Tocó en público por última vez en Los Ángeles y, siendo una auténtica figura internacional, anunció que se retiraba de los escenarios. Adujo que sentía hastío por la interpretación en directo y que serviría mejor a la música en un estudio de grabación más que en la sala de conciertos.
Pensaba además que la música se preservaba mejor en la intimidad.
J. S. Bach fue su gran especialidad constituyéndose sus grabaciones verdaderos puntos de referencia. Las grabaciones en vivo que efectuó de los Conciertos para piano y orquesta de Johann Sebastian Bach constituyen verdaderas joyas interpretativas. Su versión de las Variaciones Goldberg, de Bach, es una pieza mítica.
Además de las grabaciones de piano en estudio, y en formatos modernos, se dedicó también a la escritura y a la radio, que le apasionaba.
Murió tras sufrir un
infarto cerebral.
miércoles, 22 de noviembre de 2017
Una petición
Si, hablaré de esa petición. La recibí la semana pasada, el día 13, y cumplí lo aceptado el día 19. Ni tan mal.
Pero, bien, ha sido un desafío apasionante: contar una biografía breve de mi abuela Martina, un relato de su azarosa vida.
Ha sido una explicación realizada a grandes rasgos, contando sus vivencias de joven inquieta por su futuro, de chica trabajadora, de esposa querida, de abuela venerada por los cuatro nietos, bisabuela adorada....
Mi abuela era mujer menuda y frágil, pero de espíritu
luchador y carácter firme.
En mis recuerdos no cabe todo lo que nos pudo contar sobre su recorrido por la vida: un adios, una hija fallecida, una guerra, una viudez,... en una sola persona, en un cuarto de siglo.
Nada envidiable.
Extraño lo que no nos pudo relatar.
CAMINO DE MOMBASA
Camino de Mombasa. Si..., ¿porque no?. Hay alguien que va hacia allí. Un amigo. Me da envidia. Si, envidia sana, de la que permite desear el éxito del otro, incluso del competidor.
Deseo que disfruten de
la experiencia: otro continente, distinta cultura, ciudades sin forma, personas
con piel de color diferente, idioma desconocido, calor tropical, gente nunca
vista, gestos poco entendibles,.... A fin
de cuentas: aprender y guardar el recuerdo.
En este siglo en que
ya nacemos todos sabiéndolo todo, "estos niños ya nacen sabiendo
informática" - ¿quién no lo ha dicho/oído? -, hay unos cuantos millones de
jóvenes, y no tan jóvenes, con el disco duro lleno - y no tan lleno -, que no
necesitan/no quieren saber más.
Bueno, es una forma de
vivir. ¿Corta?, no, escasa. Solo deseo que sea elegida. No impuesta por persona
ó costumbre desconocida. Creo que hay que conocer vivencias de los otros y
aprender de ellas, o sólo saber. Quizá nunca sea necesario aplicar lo que otros
si han requerido.
Mejor. Y ¡ojalá! que sea, simplemente, porque estamos en un
mundo mejor. Sería aun mejor si solo la curiosidad por lo desconocido, sea lo que nos haga tener interés.
Hubo alguien que dijo
algo así como que "cuando hayas perdido la curiosidad por las cosas que
ocurren y la afectividad por las personas que puedes conocer, serás viejo".
No es un concepto a despreciar.
Aún dentro del
temperamento y método científico, el humanismo y la filosofía nos han hecho
llegar hasta aquí, y mejor no miremos el cómo, porque puede que nos parezca
imposible haberlo conseguido, dados los casos de “vidas ejemplares” que hemos
conocido.
Quizá sea que las lecciones de vida de las generaciones previas y las enseñanzas del profesorado han ido dejando huella.
Quizá sea que las lecciones de vida de las generaciones previas y las enseñanzas del profesorado han ido dejando huella.
Ah, pero las huellas
se van gastando. Es lo que, me parece, ocurre ahora. No estamos dejando huella.
Y, lo peor de todo es
que no somos conscientes de ello. O quiza seamos muy conscientes de que lo hemos
dejado en mano del gobierno de turno, "que para eso cobra impuestos",
pero no fiscalizamos que el objetivo sea alcanzado.
Para llegar a la
cumbre hay varias vías. Cada uno puede escoger cual tomar, pero no puede dejar
la opción a otros.
Y es que si no llega, nadie lo
sabe, nadie pregunta.
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